2 mar 2012

Todos los días, misma hora, mismo lugar. Con lluvia, con sol, con truenos, con relámpagos. Mismo hombre parado en la esquina, esperando a que la dueña de sus sueños pasara frente a el, y poco le importaba que no notase su presencia, se conformaba con verla pasar con el celular en las manos y rechinando sus tacones. Anhelaba que alguna vez ella se preguntara quien era el misterioso hombre que siempre estaba ahí, y, que al verla pasar, le regalaba una sonrisa. Ella quería hablarle, vaya que quería, pero el valor no la acompañaba del todo. Y los días fueron pasaron, paso un mes, y otro. Una mañana tomo el valor de hablar con él. Mientras mas se acercaba a la esquina, sus nervios aumentaban, pero estaba decidida "Le hablaría" esa mañana él ya no estaba, no había rastro de el y de esa sonrisa que tanto amaba. Y es que se había cansado de esperar lo inesperable, de esperar lo que no iba a llegar. 

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